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DIARIO DE VIAJE


Estoy de vacaciones, aún sin salir de casa. Escribo un Diario de viaje emocional.
En pocos días cumpliré mis primeros 50 años y mis amigas, mis hermanas, que vendrán a visitarme a México para celebrar juntas la vida, me han regalado un curso sobre escritura de viajes. Estoy maravillada, simplemente. Les comparto algo que escribí allí, vamos apenas iniciando.

diario de viaje


Pequeña geografía política.
Desayuno un café negro y un pan como cada mañana en la barra de la cocina, de frente a la mesa del comedor que jamás se usa y a mi izquierda observo la pequeño patio.
La zotehuela quedó reducida, cuando Eva destinó el espacio mayor de fondo a recámara principal. 
El departamento está en la planta baja de uno de los edificios que con algunas casas y áreas verdes bien recortadas, conforman el conjunto habitacional donde vivo desde que llegué a estas tierras mexicanas. La construcción tendrá unos cuarenta años, hecha sin muchos detalles decorativos, he llegado a pensar que es insípida y ahistórica, aunque estoy segura de ser injusta con esa definición. 

La tapia limítrofe por el lado de mi patio da a los jardines de una escuela de niños popis en un barrio popular. De ese lado, paralelos a la medianera crecen algunos árboles de diferentes edades y especies. En ellos, y en el pino viejo que acaban de derribar, viven y vivían cantidad de pájaros. Sé con certeza de una pareja de carpinteros que trabaja con persistencia, de los nidos de muchos colibríes que llegan a comer del bebedero que le hemos puesto, del otro lado de la casa, y de bandadas ruidosas que cuando el sol colinda con la oscuridad cayendo la tarde, se refugian en ellos. 
Digamos, ese fondo es mi fondo, es de algún modo mi patio si levanto la vista y abro mi escucha.
Sin embargo, en la geografía política que marca, existe una pared, la barda, un tope cierto al ojo con sus dos metros cuadrados. Esa pared la he pintado muchas veces, el color de la casa vive en ella. Fue amarillo oro, naranja naranja, tubo rayas verticales grises y aburridas, azul cielo de Rosario, por supuesto rosa mexicano, y ahora un flamante morado uva. 

patio con flores

En mi patio además reina la lavadora resguardada por un ejército de tiliches, esos, que están en el limbo de “ya no me interesas pero aún no puedo deshacerme de ti”.
Hay una pequeña mesa blanca, dos sillas de playa vírgenes de mar y un montón de otras plantas, un bosque de diversidad regional. Conviven helechos, agaves, cactáceas, suculentas y flores recién compradas en el mercado Xochimilco y la memoria histórica de mis viajes por México, si observas atentamente las edades y los estilos de las macetas que se amontonan en los rincones.
Hay también, para poder documentarse en este mapa de palabras, algunos tesoros fuera de época: un candil de metal negro, recortando una calaca que se enciende si prendes la vela, tres pimpollos de azáleas (sí, con acento) a punto de estallar en este invierno y una diminutísima flor que ha mutado en mandala celestial.

flor mandala

¿Tú, si, tú, registras tus viajes?

Mi Bullet journal

Mi Bullet Journal

En el hacer está el rastro, y el triunfo.
Hace unos días decidí hacer mi diario 2017 con la metodología, tan de moda, de un Bullet Journal.

Deformación profesional, ansiedad, autoexigencias varias, me llevaron a dar mil vueltas para confeccionar el cuaderno de mis sueños, y de mi obsesión.

¡Luego de decidir formato, colores, rayas o no rayas, tamaño, me pasó todo lo que no le ha de pasar a una encuadernadora profesional!

No debería contarlo, pero, se me cortó el hilo, se me terminó la hebra antes de acabar de coser, se  manchó de sangre luego de pincharme, el lomo se redondeó indebidamente, y lo peor de lo peor, el papel que mandé a imprimir con rayas (así se sugiere para el Bullet), resultó ser demasiado delgado y todos los plumones, plumas y plumines se transparentaban del otro lado de la hoja: ¡¡¡horror!!!

Aún así, empecé mi cuaderno y le di uso por una semana. El papel de la tapa es lindo, y eso me reconfortaba de alguna manera, pero no. En Navidad mi hija me regaló unos plumines punta pincel grandiosos que no iba a poder usar tampoco por la delgadez de las hojas!

Así que ayer, jornada navideña, aflojando con la pena de tirar más de 200 páginas, decidí hacerme otro.
Papel Ingres Fabriano, más grande, motivos japoneses de un papel que me trajeron de NY, con compensaciones para pegarle toda cosita que se me antoje sin temer a que el libro se deforme...
Me quedó tan bello!



Conclusiones:

  • La primera vez de algo no es la definitiva. Perdonarme el error.
  • Si no hubiera puesto en marcha el diario fracaso, no hubiera sabido cómo hacer el que ahora disfruto. Acción mata miedo.
  • Bajar la autoexigencia por un lado, y decidirme por otro a hacer sin temor, relaja y hace que fluya! El tiempo, las hojas, el placer es mío!




A las encuadernadoras, también nos pasa!

Salud, y, ya empezaste el tuyo? Sabes de qué se trata el Bullet? Acá el video oficial. 


DICIEMBRE

¿Haces cuentas a fin de año?




¿Cómo terminas este ciclo? ¿Cierras el año con sesudas reflexiones? ¿Haces listas gigantes de nuevos (y viejos, viejísimos) objetivos para el nuevo 2017?

Yo en general me niego a los intencionales repasos, pero así, de reojo, o más bien a todas luces, lo que veo del mío es que termino un año que fue muy bueno!
Nació Olivia, mi nieta y es la cuota de más amor que jamás he tenido, pero no te preocupes, no hablaré del tema, aburro, jaja. También en la cuenta positiva está que vino de visita mi hijo de Argentina, mi hija está feliz con su maternidad, tenemos salud, Fetiches de cartón se consolida como el proyecto de mis sueños,  viajé a dar talleres al interior de la república y a gringolandia también. 

Digamos, en un mundo convulso y después de varias sorpresas no gratas a nivel planetario, me siento dichosa y me la he pasado desde noviembre agradeciendo lo vivido en este rincón de la tierra.  

Para lo que viene, a pedido de Paula Lesina (la conoces?) había que definir una palabra para el 2017 y pensé en esta palabra: In-sistir. 

Consultando ahora su etimología, dice lo siguiente: 
Insistir

Del lat. “insistere” – “poner el pie sobre algo, pararse, presionar algo”, compuesto por el prefijo “in-” – “en” y el verbo “sistere” – “pararse”, derivado de la reduplicación de la raíz indoeuropea *sta- “pararse, estar firme”.


Eso es lo que quiero, In-sistir, en la propia voz, en lo construido, lo aprendido, la confianza y la certeza. 

In-sistir. En el camino que ondula entre el adentro y el afuera, hoy, y más allá, como rezo, como mantra.



¿Y tú? qué palabra te cantas a ti misma?





Las otras vidas

Letras, caligrafía, jugar. 

Las otras vidas. 


Yo tengo planeadas por lo menos cuatro o cinco de mis vidas próximas.

En ésta de encuadernadora artesanal, ya no llego a aprender todo lo que deseo, pero mi alma inquieta no se perderá la posibilidad de hacerlo, así que ando pensando regresos al mundo terrenal para ser ilustradora, arquitecta, jardinera, calígrafa y bailarina de danza contemporánea (ojalá mi cuerpo en ese estadio se preste o yo tenga menos prejuicios para moverme con gozo y gracia), .
He de regresar y es mi deseo, obviamente, no para pagar karmas, si no para seguir aprendiendo, y dicho así, al menos a mí me suena bien.

Mientras, en este plano / tiempo que hoy me toca, hago mis intentos con algunos de estos tópicos.

¿Me estás imaginando volando por los aires? ¿O acariciando el suelo, bailando, simulando caminar como cangrejo de movimientos sutiles?
¿Acaso pensaste en mi actual estudio lleno de planos y reglas de madera (de las vintage por supuesto) proyectando una torre en castillos de arena?
No, mis ensayos, mis intentos cada tanto, son caligráficos y los hago con tinta, pluma, pizarrones, plumones y mucha alegría, ¿te muestro?


ejercicio-caligráfico-méxico


ejercicio-caligráfico-méxico


ejercicio-caligrafía-anilina


ejercicio-letras-lápiz-color


Los maestros de caligrafía se estarán retorciendo de ver mi tremendo riesgo, pero a mí me gusta jugar, desde siempre, con eso de las letras. Las he dibujado en ropa, papeles, paredes, carteles, y qué se yo en cuántos objetos más.

¿Caradura absoluta? ya sé, pero nadie se ha quejado abiertamente. ¿La libertad creativa que manifiesto y promuevo me habrá absuelto de crimen y cargo? Eso es No Negociable.




En el post anterior te contaba de las habilidades mentales extras que aporta el escribir a mano y te mostré en qué use un bibliorato feo, pero re-lindo, ja, que me sirvió para avanzar nada menos que la tesis. Ahora te muestro en qué uso este librito de papel de algodón que me gusta enseñarles a construir como precalentamiento, por su simplicidad a las alumnas en mis talleres.




También me suelo armar unos enormes con papeles de descarte, para probar pinceles o herramientas caseras de diferentes tamaños y los distintos resultados de tintas o anilinas.
Es lo bueno del oficio de la encuadernación, hacerme mis propios soportes de escritura, te aliento a que pruebes, hay estructuras simples y resultará gratificante que lo intentes. Y si no, puedes buscar en el mercado, ¡hay tanto cuaderno artesanal en México y tan bellos!

También me gustaría contagiarte el deseo de acercarte a algún experto en materia de caligrafía y tomar taller o curso. Puedes pedirlo de regalo de cumpleaños, navidades, o  como declaración de simple amor. ;)
¡Yo casi a punto de cumplir 50, pienso, que sería un bonito detalle me regalaran esa posibilidad!

Te dejo una perlita. Si quieres ver letras lindas, lindas, investiga sobre Loredana Zega. ¡Esta artista, combina escritura, danza y música, triple placer! Me cuentas.

Y vamos armando la lista de posibilidades de uso de los cuadernos en blanco.


  • Bibliorato para mapas mentales que nos destrabe en la tesina de grado.
  • Cuaderno de papel de algodón, costura copta de 4 agujas para jugar a hacer letras bonitas.


Tú, sí, tú, ¿tienes como yo mil deseos que sabes por ahora son inabarcables, pero no por ello menos deseables?
¡Cuéntame! 





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